En el vertiginoso ritmo de la vida moderna, donde constantemente nos vemos impulsadas a hacer más y más rápido, es fácil perder la conexión con nosotras mismas y con el momento presente. La práctica ancestral del qi gong nos invita a desacelerar, ofreciéndonos una vía para armonizar mente y cuerpo, y reencontrarnos con nuestra esencia.
Lee Holden, reconocido maestro de qi gong, en su libro “Ready, Set, Slow: How to Improve Your Energy, Health, and Relationships Through the Power of Slow”, nos revela que al ralentizar nuestros movimientos físicos, nuestra mente también se aquieta, facilitando una profunda relajación y presencia. Holden afirma que, aunque la tecnología moderna promete una vida más eficiente, muchas veces nos deja más agotadas y desconectadas de la naturaleza. Por ello, propone que desacelerar beneficia todos los aspectos de nuestra vida: mejora la salud, el sueño, la digestión y nos permite disfrutar plenamente del presente, además de clarificar nuestra visión del futuro.
El enfoque de Holden se centra en tres principios fundamentales: mente lenta, cuerpo lento y relaciones lentas. Para cultivar una mente tranquila, sugiere prácticas de atención plena que nos anclen al aquí y ahora. Una de sus meditaciones recomendadas es la de “¿Dónde estoy?”, ideal para iniciar el día:
1. Al despertar, siéntate en la cama y realiza unas cuantas respiraciones profundas y lentas.
2. Pregúntate en silencio: “¿Dónde estoy?”
3. Responde en voz alta: “Estoy aquí”.
4. Percibe y siente dónde es “aquí”. Observa los sonidos en la habitación, lo que te rodea y las sensaciones en tu cuerpo.
5. Dirige tu atención hacia adentro. Siente cómo el aire entra y sale, cómo se expanden tu pecho y abdomen con cada inhalación. Mantente presente con tu respiración.
6. Repite lentamente la pregunta y respuesta “¿Dónde estoy? Estoy aquí” mientras recorres con tu atención las sensaciones de tu cuerpo.
Al integrar estas prácticas en nuestra rutina diaria, podemos transformar nuestra experiencia de vida, cultivando una existencia más consciente, equilibrada y plena. Desacelerar no significa hacer menos, sino hacer espacio para lo que realmente importa, permitiéndonos vivir con mayor claridad, propósito y expansión.