¿Qué significa establecer límites dentro de uno mismo cuando los demás no satisfacen tus necesidades?
La palabra límites se utiliza mucho en un contexto terapéutico; todos sabemos que los necesitamos y probablemente deberíamos defenderlos. Pero para muchos de nosotros, este trabajo es complejo. ¿Cómo sé cuáles son los límites saludables? Cómo es defenderlos? ¿Y qué hago si intento establecer un límite con alguien y no funciona?
Límites externos e internos
Me ha resultado útil separar el concepto de límites en externos y internos. Cuando pensamos en la palabra límites, los que nos vienen a la mente suelen ser externos: el espacio personal, una puerta cerrada con llave y quizá un acuerdo establecido con otra persona, como pedirle que no nos llame después de cierta hora del día. Pero la realidad es que la mayoría de los límites son internos: los que tenemos dentro de nosotros mismos.
Incluso un límite externo, como decir que no a una invitación social cuando no te sientes lo bastante bien para salir, no tiene que ver con la persona a la que decimos que no. Se trata de nuestra propia relación con nosotros mismos. Escuchamos a nuestro cuerpo lo suficiente como para ser conscientes de que no queremos salir? ¿Tenemos miedo de lo que pasará cuando digamos no? ¿Nos han educado para complacer a la gente y sacrificar nuestra autenticidad en beneficio de los demás?
Para salir adelante, muchos de nosotros hemos encontrado formas de suprimir nuestras necesidades hasta el punto de que ni siquiera sabemos cuáles son. La práctica de escuchar las necesidades de nuestro cuerpo, mente y corazón nos ayuda a comprendernos mejor, y los límites son una parte natural de esa práctica.
Límites y necesidades
Detrás de un límite casi siempre hay una necesidad. Digamos, por ejemplo, que uno de tus límites es que no quieres hablar de cierto tema con un familiar. ¿Por qué existe ese límite? Porque necesitas tener una conversación tranquila o privacidad sobre tus propios puntos de vista.
Si uno de tus límites es que tus hijos no pueden entrar en el despacho de tu casa, es porque necesitas mantener el orden en tu trabajo, conservar un espacio limpio y profesional, y tener cierta separación entre tu carrera y tu vida familiar. Comprender nuestras necesidades a menudo nos mostrará dónde debemos poner límites.
Límites e ira
Entonces, ¿cómo sabemos cuáles son nuestras necesidades? La respuesta (posiblemente) sorprendente es que tu ira te lo dirá. La ira es la emoción que nos protege: nuestra integridad personal y física, nuestro derecho a ser uno mismo, nuestro derecho a nuestros propios pensamientos, sentimientos y autenticidad. Aunque muchos de nosotros tenemos una relación difícil con la ira, es una parte vital de nuestra brújula emocional. Está ahí para ayudarnos a satisfacer nuestras necesidades y a respetar nuestros límites. Si tenemos un historial de reprimir nuestra ira, es probable que también tengamos un historial de reprimir nuestras necesidades y límites.
Por eso, siempre que alguien trabaja conmigo sobre los límites en mi consulta terapéutica, empiezo preguntándole por sus experiencias con la ira. ¿Cuándo surge la ira? ¿Se permite que surja o se suprime y reprime (como nos ocurre a muchos de nosotros)? Si pudiéramos preguntarle a nuestra ira qué límites se están cruzando o qué necesidades no se están satisfaciendo, a menudo la respuesta aparece con bastante claridad. La ira es como la alarma de incendios que salta cuando la casa está en llamas: muchos de nosotros nos apresuramos a intentar apagar la alarma en lugar de ocuparnos del propio incendio.
Sin embargo, es importante ir más despacio cuando aparece la ira, ya que es fácil reaccionar también a la alarma de incendios con fuego, y ésa no es siempre la mejor manera de llegar a alguna parte cuando la ira está señalando un límite. Más bien, deberíamos utilizar la ira para averiguar qué necesidades no se están satisfaciendo o qué límites se están traspasando, de modo que podamos comunicarlos de una forma amorosa.
Cómo comunicar los límites
Cuando podemos identificar nuestras propias necesidades y límites, podemos responsabilizarnos de ellos. Lo creas o no, no es responsabilidad de los demás satisfacer tus necesidades. (Por supuesto, la dinámica padre-hijo es la excepción en este caso.) Así que lo que podemos hacer es comunicar amorosamente a los demás cuáles son nuestras necesidades, al tiempo que asumimos la responsabilidad de nuestros propios sentimientos.
Esto podría ser algo así como decirle a tu pareja: “Cariño, me molesta mucho cuando me levanto por la mañana para preparar el desayuno de los niños y los platos de la noche anterior no están fregados. Hemos acordado, o yo he asumido, que ese es tu trabajo, y me he dado cuenta de que necesito un espacio despejado en la cocina por la mañana para sentir que somos socios iguales en esto. ¿Puedes ayudarme a solucionar este problema?”.
Presentar la cuestión de esta manera te permite responsabilizarte de tus propias necesidades. En lugar de decirle a alguien que debería haber fregado los platos porque era su trabajo, lo expresamos desde nuestras propias emociones y necesidades.
En una relación sana, ambos miembros de la pareja quieren satisfacer las necesidades del otro. Simplemente hay que saber cuáles son. Estas conversaciones pueden suscitar algún conflicto o actitud defensiva, pero en última instancia deben permitir que ambas personas expresen sus necesidades y colaboren para satisfacer las de todos. No se trata de que tu pareja deba fregar los platos; tal vez llegue tarde a casa del trabajo y tenga más necesidad de descomprimirse que de fregar los platos. ¿Cuál es el compromiso? ¿Hay algo más que tu pareja pueda hacer para que la situación funcione y se satisfagan las necesidades de ambos?
Esto funciona mejor cuando cada uno es consciente de sus necesidades y está dispuesto a colaborar incluso cuando sus necesidades individuales entran en conflicto. Por desgracia, este tipo de comunicación no siempre se da en nuestras relaciones. A veces, las personas no se preocupan por satisfacer las necesidades de sus seres queridos y no lo intentan, o prometen que lo harán pero luego no lo hacen (a menudo porque la pareja no es consciente de sus propias necesidades conflictivas). No podemos obligar a nadie a conocer y comunicar sus necesidades, no es nuestra responsabilidad. Sólo nuestras propias necesidades lo son. Entonces, ¿qué hacemos cuando nuestros mejores esfuerzos de comunicación afectuosa y establecimiento de límites no funcionan?
Cómo establecer límites internos
Cuanto más claros tengamos nuestras necesidades y límites, antes podremos comunicarlos y menos probable será que nos enfrentemos a conflictos. Sin embargo, el conflicto puede ser una forma saludable de resolver los problemas a medida que surgen, sobre todo en las relaciones duraderas, en las que los retos y las situaciones de la vida cambian con el tiempo y nuestras necesidades y límites cambian como reacción a ello.
Pero si estamos atrapados en una relación con alguien que no quiere comprometerse o no quiere trabajar con nosotros, entonces tenemos que aclarar nuestros límites internos, nuestros propios límites con nosotros mismos. Cuando la otra persona no nos ayuda a satisfacer nuestras necesidades ni respeta nuestros límites, la pelota vuelve a estar en nuestro tejado: tenemos que decidir qué podemos hacer que nos dé más poder y nos ayude a satisfacer nuestras necesidades lo mejor posible. Esto puede consistir en comprometernos con nosotros mismos a solucionar el desorden de la cocina por la mañana. Puede ser contratar a alguien para que limpie la casa más a menudo. También podría consistir en negarse a contestar al teléfono a partir de cierta hora del día o limitar las visitas a una vez al mes en lugar de una vez a la semana. Cuando comunicar las necesidades de unos y otros no funciona, debemos encontrar formas de satisfacer nuestras propias necesidades.
Esta es una práctica que debe ser clara y asertiva, y realmente consigue satisfacer tus necesidades. No se trata de un movimiento pasivo-agresivo para intentar obligar a la persona a hacer lo que tú quieres; se trata de hacer lo necesario para que tu vida sea habitable en tus propios términos. En muchos sentidos, se trata de reclamar tu poder.
En cierto modo, esto puede ser más difícil: es más fácil culpar a otra persona por no satisfacer nuestras necesidades que mirarnos a nosotros mismos y ver qué necesitamos cambiar internamente. A veces, identificar nuestras necesidades y aceptar que nuestro ser querido no puede satisfacerlas significa que una relación tiene que terminar, y esa es una posibilidad dolorosa al hacer este trabajo. Pero ten en cuenta que las necesidades son necesidades, no preferencias. Si tus necesidades no están realmente cubiertas, entonces algo tiene que cambiar, ya sea interna o externamente.
Teniendo todo esto en cuenta, ¿qué notas en tus necesidades en este momento? ¿Qué límites necesitas mantener dentro de ti para satisfacer tus necesidades?